Esta receta eleva el concepto de las costillas glaseadas a una categoría superior, donde la calidad de la carne y el respeto por la cocción a fuego lento son los verdaderos protagonistas. Es el equilibrio perfecto entre la potencia del sabor tradicional y la delicadeza de la cocina de autor.
La carne, sumamente tierna y melosa, se funde con una reducción intensa que aporta un brillo y una profundidad únicos. El acompañamiento de un puré cremoso y el toque fresco del cebollino redondean un plato lleno de texturas y matices, ideal para quienes buscan una experiencia gourmet auténtica y reconfortante.
Ingredientes para 2 personas:
- 500 g de Costillas de Bellota 100% Ibéricas
- 2 dientes de ajo
- 1 cucharada de pimentón dulce
- 1 cucharada de mostaza de Dijon
- 1 cucharada de miel
- 1 cucharada de zumo de limón
- 50 ml de vino tinto (opcional)
- 1 ramita de romero fresco
- Aceite de oliva
- Pimienta y sal
Para el puré de patatas:
- 300 g de patatas
- 75 ml de leche
- 20 g de mantequilla
- Una pizca de nuez moscada (opcional)
Elaboración:
- Machacar los ajos, y añadir pimentón, mostaza, miel, aceite, zumo de limón, romero, pimienta y sal.
- Untar las costillas con la mezcla, cubrir y dejar marinar en la nevera al menos 2 horas.
- Colocar la carne en la parrilla con el hueso hacia abajo y asar durante 45-60 min en la barbacoa con brasas medias, con una bandeja debajo para los jugos.
- Girar pintando con el adobo restante, y retirar cuando estén tiernas y doradas.
- Pelar y cortar las patatas y cocer en agua con sal hasta que estén tiernas (20-25 min).
- Escurrir y triturar, añadiendo la mantequilla y la leche caliente poco a poco hasta obtener una textura cremosa. Echar una pizca de nuez moscada si se desea.
- Recoger los jugos del asado (desgrasar si es necesario) y cocer a fuego medio-alto en una olla pequeña con vino tinto al gusto, hasta reducir a la mitad.
- Salpimentar al gusto y colar si se prefiere una textura más fina.
- Servir las costillas junto a una porción de puré de patatas, rociar con el jugo reducido del asado y decorar con unas hojas de romero o perejil fresco.
Como resultado tenemos un plato que rinde homenaje a la paciencia en la cocina, demostrando que la mejor materia prima puede transformar una receta clásica en un bocado extraordinario.