La carne de cerdo ibérico de bellota es una de las opciones más saludables dentro de las carnes rojas. Su grasa infiltrada es rica en ácido oleico —el mismo ácido graso presente en el aceite de oliva—, con porcentajes superiores al 55% en los animales de bellota 100%. Este ácido graso monoinsaturado contribuye a reducir el colesterol LDL y a elevar el HDL, con un efecto protector cardiovascular documentado en estudios científicos.
Además aporta proteínas de alto valor biológico, vitamina E (potente antioxidante natural presente en la bellota), vitaminas del grupo B —especialmente B1 y B6, importantes para el sistema nervioso— y minerales como zinc y selenio. Puede integrarse con moderación en una dieta mediterránea equilibrada.
Se crían en libertad y se alimentan exclusivamente con bellotas y pastos naturales durante la montanera, lo que se traduce en una carne con un veteado característico y un sabor inconfundible.
La ultracongelación a -40 °C provoca la formación de microcristales de hielo que no rompen las fibras musculares, conservando la misma textura y jugosidad que tendría recién cortada.